Texto: Eclesiastés 3:1-15
¿Quién conoce el tiempo oportuno? Dios siempre lo sabe; los hombres no siempre lo sabemos. Dios, en su soberanía, ha establecido un tiempo para cada acontecimiento bajo el cielo; por eso, el creyente debe descansar en la providencia de Dios, reconocer los límites de su comprensión y disfrutar con gratitud los buenos dones que Él le concede mientras espera el cumplimiento de sus propósitos eternos.
El Predicador presenta 28 sucesos o momentos en la vida. Hay una temporada para todo, un tiempo para cada actividad bajo el cielo. Estos 28 momentos están agrupados en catorce pares de polos opuestos: nacer y morir; plantar y arrancar lo plantado; llorar y reír; buscar y perder; guardar y desechar; callar y hablar; amar y aborrecer; guerra y paz. Todos estos eventos ilustran lo que dijo al principio y lo encontramos en el versículo uno: Todo tiene su tiempo.
Aunque no tenemos control de todas las cosas, aunque lo planifiquemos o deseemos, en todo esto vemos la providencia de Dios. Dios en su soberanía y providencia permitió, permite y permitirá todos estos sucesos. Todo esto nos puede sorprender, pero a Dios no. Todo ha estado en la voluntad y soberanía de Dios, nada de esto se le ha escapado o lo ha tomado por sorpresa.
Por eso, la respuesta a la ansiedad de la vida es reconocer que Dios tiene el control de todo y su voluntad está por encima de cualquier plan o control del hombre. Jesús enseñó a sus discípulos: Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. No podemos controlarlo todo.
La providencia de Dios es cuidado, dirección y provisión. Dios sostiene, dirige y gobierna continuamente todas las cosas para cumplir sus propósitos. Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.
No hay nada mejor que alegrarse y disfrutar de la vida mientras podamos.
¿Hace cuánto tiempo no lo disfrutas?
Comer y gozar del bien de toda nuestra labor son regalos de Dios. Alégrate con lo que Dios te ha dado hasta hoy: tu esposo, hijos, trabajo, casa, carro.
No nos empeñemos en negar que Dios tiene el control de todo
No nos rebelemos en contra de Él.
Por el contrario, teme a Dios y vive con contentamiento pleno de su voluntad.
Aunque no podemos controlar ni comprender plenamente los tiempos y circunstancias de nuestra vida, podemos descansar en la soberanía de Dios y ser agradecidos por su provisión o providencia.
Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo. La cruz misma puede parecer una tragedia y derrota, pero estaba dentro del plan soberano de Dios para nuestra salvación.
No siempre entenderemos el tiempo que estamos viviendo, pero siempre podemos confiar en el Dios que gobierna nuestros tiempos. Dios sigue en control, Cristo sigue reinando y todas las cosas están en sus manos.