Tal vez hoy te sientes abatida, derrotada o frustrada. Las diferentes circunstancias de la vida te han llevado a encerrarte en ti misma y llegan momentos en que no sabes qué hacer. Las situaciones no mejoran y esto afecta tus emociones, tu forma de reaccionar y hasta tu manera de pensar. Aun sabiendo que eres hija de Dios, que eres cristiana y quizás hasta líder en tu congregación, experimentas una lucha constante en tu mente. Los problemas parecen más grandes que tus fuerzas y poco a poco te encuentras refugiándote en una “cueva” un lugar de aislamiento emocional y espiritual.
Muchas mujeres creyentes atraviesan temporadas así. Son momentos en los que el corazón se siente cansado, las lágrimas son frecuentes y las respuestas parecen tardar. Sin embargo, Dios nunca desperdicia esos tiempos. Aun en medio de la oscuridad, Él está obrando.
¿Qué representa la cueva?
La cueva representa un período de prueba, transformación y dependencia de Dios. Aunque no es un lugar donde deseamos estar, muchas veces es allí donde el Señor realiza Su obra más profunda en nuestras vidas. La cueva nos confronta con nuestras debilidades y nos enseña a reconocer que nuestra fortaleza proviene únicamente de Dios.
En ocasiones queremos salir rápidamente de la prueba, pero Dios desea que aprendamos las lecciones que solo pueden ser enseñadas en ese lugar de dependencia absoluta. La cueva no es el destino final del creyente, sino un proceso mediante el cual Dios moldea el carácter y fortalece la fe.
David en la cueva de Adulam
En 1 Samuel 22:1-2 encontramos a David huyendo del rey Saúl, quien buscaba quitarle la vida. David se refugió en la cueva de Adulam. Humanamente hablando, parecía una situación desesperante. Sin embargo, Dios estaba trabajando en su vida.
La Escritura nos dice que llegaron a él hombres afligidos, endeudados y descontentos. Lo que parecía un lugar de derrota se convirtió en un lugar de preparación. Allí Dios comenzó a formar al futuro rey de Israel y también a aquellos hombres que más adelante serían valientes guerreros.
De manera similar, muchas mujeres hoy pueden sentirse como David. Quizás enfrentan dificultades familiares, económicas, emocionales o espirituales. Tal vez viven lejos de su país, de sus seres queridos o de aquello que les resultaba familiar. La sensación de soledad puede ser profunda, pero Dios sigue presente en la cueva.
Un cántico en medio de la desolación
Los hijos de Coré también experimentaron tiempos difíciles. En el Salmo 42 expresan su dolor y su anhelo por Dios. Se encontraban lejos del templo y atravesaban una temporada de profunda desolación espiritual.
Muchas de nosotras podemos identificarnos con esa experiencia. Algunas viven lejos de sus familias, adaptándose a otra cultura, otro idioma y nuevas responsabilidades. Otras enfrentan pérdidas, enfermedades o situaciones que han desgastado su ánimo.
Sin embargo, en medio de esa aflicción encontramos una declaración poderosa.
Pero de día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida.
Salmo 42:8
Este versículo nos enseña que la misericordia de Dios no depende de nuestras circunstancias. Mientras atravesamos la prueba, Él sigue mostrando Su amor y Su fidelidad. Además, nos recuerda que aun en la noche más oscura puede haber un cántico en nuestro corazón.
Alabar a Dios en la cueva es una decisión intencional. Significa adorarlo cuando no tenemos ganas, confiar cuando no vemos respuestas y recordar Su bondad cuando las emociones nos dicen lo contrario. La alabanza dirige nuestra mirada hacia Dios y nos ayuda a reconocer que Él sigue teniendo el control.
En conclusión Dios quiere transformar primero nuestro corazón antes de cambiar nuestras circunstancias. El trabajara primero en nuestro interior.
En la cueva aprendemos a depender de Él, a buscar Su presencia y a fortalecer nuestra fe.
Si hoy te encuentras en una cueva, no desperdicies ese tiempo, permite que Dios te enseñe, te fortalezca y te transforme. Recuerda que Su misericordia es nueva cada mañana y que Su presencia nunca te abandonara.
Aprovecha hoy tu cueva y alaba al Señor. Allí donde parece haber oscuridad, Dios está formando una mujer más dependiente de Él.
Tatiana Velandia nació en Bogotá, Colombia. Es licenciada en Educación Preescolar y licenciada en Teología. Durante varios años ejerció la docencia en Colombia, combinando su labor educativa con el desarrollo de campamentos y programas de formación bíblica dirigidos a colegios, iglesias y diversas organizaciones.