Hace poco tuve el privilegio de dar un discurso de graduación. Mientras lo preparaba, pensaba en jóvenes que estaban por comenzar una nueva etapa de sus vidas. Sin embargo, al terminar de escribirlo, me di cuenta de algo: este mensaje no era solo para ellas.
Vivimos en una sociedad que constantemente intenta definir quiénes somos, cómo debemos vivir y qué debemos perseguir. Y aunque el discurso fue dirigido a una generación de graduados, la realidad es que estos mismos mensajes nos rodean a todas las mujeres, sin importar nuestra edad.
Cada día escuchamos frases que parecen motivadoras, pero que muchas veces contradicen la verdad de Dios.
“Sigue tu corazón”
Es uno de los consejos más populares de nuestra cultura. Suena
inspirador, pero la Biblia nos recuerda que el corazón puede engañarnos (Jeremías 17:9).
Nuestras emociones cambian. Lo que sentimos hoy puede ser muy diferente mañana. Por eso Dios nunca nos llamó a seguir nuestros sentimientos, sino a confiar en Él. Como dice Proverbios 3:5-6. Debemos confiar en el Señor con todo nuestro corazón y no apoyarnos en nuestro propio entendimiento.
“Tú puedes con todo”
Es bonito recibir ánimo, pero también es cierto que habrá momentos en los que no podremos solas.
Habrá temporadas de cansancio, incertidumbre, dolor o debilidad. Y eso no significa que hayamos fracasado; significa que somos humanas. La Biblia no nos enseña a depender de nuestras propias fuerzas, sino de Cristo. Filipenses 4:13 nos recuerda que todo lo podemos por medio de Cristo, quien nos fortalece.
“Eres suficiente”
Nuestra cultura nos dice que nuestro valor depende de cómo nos sentimos acerca de nosotras mismas o de la aprobación que recibimos.
Pero nuestra identidad no proviene de las redes sociales, del reconocimiento, de la apariencia ni de nuestros logros. Nuestro valor viene de nuestro Creador.
Somos valiosas porque fuimos creadas por Dios y porque Cristo dio su vida por nosotras. Cuando nuestra identidad está en Él, ninguna crítica ni circunstancia puede quitarnos ese valor.
“Haz lo que te haga feliz”
Hoy parece que la felicidad es el propósito más importante de la vida. Sin embargo, no todo lo que produce felicidad momentánea nos acerca a Dios. Jesús nunca nos llamó a perseguir la comodidad, sino a seguirle a el.
La felicidad depende de las circunstancias; el gozo depende de Cristo. Y ese gozo permanece incluso en medio de las pruebas.
“Cree en ti misma”
La confianza es buena, pero cuando está separada de Dios puede convertirse en autosuficiencia.
Nuestra mayor seguridad no está en nuestras capacidades, sino en aquel que nos sostiene. Podemos alcanzar metas, cumplir sueños y aun así sentirnos vacías si nuestra relación con Dios no ocupa el primer
lugar.
Lo que este mundo necesita
Nuestro mundo no necesita más mujeres obsesionadas con la aprobación de los demás. Necesita mujeres llenas del Espíritu de Dios, mujeres con integridad, que oren, que sirvan, que amen profundamente y que vivan de acuerdo con la verdad de Dios, incluso cuando eso vaya en contra de la cultura.
La Biblia está llena de mujeres y hombres imperfectos que Dios usó de manera extraordinaria. Dios no busca perfección; busca corazones rendidos a Él. Al final, el mundo seguirá ofreciendo nuevos mensajes, nuevas tendencias y formas de pensar. Pero la verdad de Dios permanece para siempre.
Cuando no sepas qué decisión tomar, sigue a Jesús. Cuando te sientas débil, depende de Jesús. Cuando la cultura intente definir tu identidad, recuerda quién dice Dios que eres. No persigas solamente el éxito, la aprobación o la felicidad pasajera, persigue a Dios.
