por Pastor Julio Ruiz
Todos en nuestra niñez debimos tener algún héroe a quien en nuestra imaginación quisimos imitar por sus hazañas y sus aventuras en las cuales siempre salía victorioso. En las series de televisión de mis tiempos, mi personaje favorito, casi imperdible, era “El Llanero Solitario”. Admiraba su destreza al montar su caballo, y admiraba a su inseparable amigo, el indio “Toro”, quien ayudaba a su creciente fama. La música de fondo que acompañaba la persecución de los desertores de la justicia, le imprimía una especie de adrenalina al momento. Pero ese personaje debió ser sacado de alguna leyenda de su tiempo. Sin embargo, la Biblia nos muestra a héroes reales a quienes también admiramos por su valentía y determinación, hasta conquistar gigantes dentro de sus osadas aventuras. Caleb formó parte de los doce espías quienes recorrieron la tierra prometida, fue de ellos, y junto con Josué, trajo el mejor reporte. Por tal razón, Caleb será el personaje de la ocasión.
El nombre Caleb significa “leal como un perro”, y esa fue la característica de su vida. Cuando los espías regresaron con un informe desalentador de la tierra prometida, Caleb se mantuvo firme y dijo: “Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos” (Números 13:30). Su fe, obediencia y valentía lo llevaron a conquistar a los legendarios gigantes de Anac, en Hebrón. Pero el texto que define su carácter es aquel cuando vino y le pidió a Josué la asignación de su herencia en la tierra de Hebrón (Josué 14:6-15 y 15:13-19). En aquel momento Caleb tenía 85 años, pero se sentía con las mismas fuerzas para la tarea. Osadamente le pidió a Josué aquella tierra inconquistable, y al hacerlo se aseguró en dar a su hija Acsa parte de su herencia, proveyendo para su futuro.
De esta manera, Caleb se constituye en un ejemplo de lealtad y valentía que nos inspira a vivir con fe y determinación. Su historia nos recuerda que, independientemente de nuestra edad o circunstancias, podemos seguir siendo útiles y hacer una diferencia en la vida de los demás. Su amor y devoción por su familia lo ponen en la cúspide del ejemplo de fidelidad para los de afuera, pero sobre todo para los de adentro, donde el testimonio debe ser mayor.
Caleb no aparece en la lista de los héroes de la fe de Hebreos 11, pero su nombre se ve allí, porque nadie como él para enseñarnos cómo ser leal en todo tiempo, y cómo conquistar nuestros propios “gigantes”. Sus palabras finales, solicitando su heredad, hacen honor a su nombre como un hombre leal, al decir: “Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día… quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho” (Josué 14:12. Caleb fue uno de los pocos que entraron en la Tierra Prometida y recibieron su herencia. La lealtad tiene este premio, y es el secreto de nuestras grandes conquistas.