Vivimos en un tiempo donde muchas mujeres luchan constantemente con su identidad. Algunas encuentran su valor en sus logros, otras en la aceptación de las personas, en la familia, el ministerio, la apariencia física o incluso en las heridas que han experimentado. Sin embargo, ninguna de esas cosas puede definir verdaderamente quiénes somos. Pero la Biblia si nos enseña que nuestra identidad debe estar centrada en Cristo y no en las opiniones humanas ni en las circunstancias adversas de la vida.
No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar…
Romanos 12:2, NTV
Este texto nos manda a dejar de imitar al mundo y a permitir que Dios transforme nuestra manera de pensar, y un buen punto de partida es el reconocer que somos nosotras en primera instancia las responsables de la perspectiva y la conclusión a la que hemos llegado sobre nosotras mismas.
Créeme, mientras más buscamos nuestra identidad lejos de Dios, más confundido estará nuestro corazón, en cambio mientras más conocemos a Cristo y Su Palabra, más claridad tenemos acerca de quiénes somos realmente.
Génesis 1:26-27 declara que fuimos creadas a imagen y semejanza de Dios. Esta verdad nos da dignidad y valor. No somos un accidente ni seres sin propósito, Dios nos creó con capacidades únicas: pensamos, sentimos y tomamos decisiones.
Nuestra mente, emociones y voluntad fueron diseñadas por el para conocerle, amarle y buscarle.
En Dios encontramos el sentido de pertenencia que tanto anhelamos en esta vida:
Isaías 43:1 dice: “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.”
Miles de voces buscaran definirnos, pero solo la voz de Dios es la que importa.
¿Entonces que debo hacer para construir una identidad centrada en Cristo?
Debo buscar un entendimiento claro sobre el perdón Dios:
Efesios 1:7 declara: “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.”
Jesús entregó Su vida para reconciliarnos con Dios y ofrecernos perdón completo. Él nos reconcilia al momento de salvarnos, pero continúa reconciliándonos todos los días.
¡Eso es esperanzador! Para un corazón que olvida constantemente el perdón de Cristo.
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
Debo creer y aceptar que soy amada por Dios.
Romanos 5:8 dice: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
Dios nos conocía completamente y aun así decidió amarnos y salvarnos. Jeremías 31:3 declara: “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.”
Nada puede separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús (Romanos 8:37-39)
Debo de mantener una mirada fija en la esperanza futura de mi redención.
Nuestra esperanza no está en esta tierra. Filipenses 3:20-21 nos dice que nuestra ciudadanía está en los cielos. Como creyentes, entendemos que esta vida es temporal, que la salud es temporal, que el bienestar económico es temporal, y por lo tanto nuestra verdadera esperanza debe estar en Cristo. Esto quiere decir que, aunque enfrentemos rechazo, dolor o pruebas, sabemos que pertenecemos al Señor, porque aquí solo somos peregrinos (Hebreos 11).
Apocalipsis 21:4 nos recuerda la hermosa promesa al final de nuestras vidas: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor…” Él lo hará. ¡Cuánta esperanza trae esta gran verdad!
¿Te has sentido sola en tu labor de madre o esposa? ¿Tus heridas y quejas se han vuelto parte de tu vida? ¿Como te ves a ti misma?
Dios con corazón compasivo y amoroso te provee de estas grandes verdades que te harán libre.
La verdad sobre quién eres, la encuentras en Su palabra.
Marisol Santamaría está casada desde 1997 y es madre de tres hijas. Sirve en su iglesia local, Spotswood Baptist Church, en la congregación hispana en Fredericksburg, Virginia.